EL hombre pétreo

Foto: Rubén Pax

Caminábamos sobre la calle Álvaro Obregón rodeados por una densa neblina de polvo gris, buscábamos a Blanca y a sus hijos, en su edificio no había nadie, todas las puertas de los departamentos estaban abiertas, sonaban radios y una tetera chiflaba, entré a apagarla… Blanca no estaba ahí; salimos a la calle y decidimos caminar tomados de la mano, el polvo de los edificios colapsados no dejaba ver más allá de las narices y las banquetas estaban rotas y retorcidas, como si fueran olas marinas congeladas; alcanzábamos a ver edificios derrumbados, muebles arrojados a la calle, oíamos cláxones y gritos… entonces, de la neblina salió un hombre gris sin camisa que caminaba aturdido con los ojos desorbitados, de su frente manaban hilos de sangre rojísimos que contrastaban con su pétreo rostro, se paró frente a nosotros, nos observó por un instante, no éramos lo que él buscaba, sin decir nada, continuó su camino y se perdió en la nube de polvo.

Foto: Rubén Pax

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