Puebla: ángeles, hoteles y castillos

Por una invitación a participar en un taller en Cholula, realizada por mi queridísima amiga Marie Aimée, que muchos dicen que es mi amiga imaginaria porque casi nadie la conoce; tomamos carretera rumbo a Puebla en compañía de su ex compañera de clase Roxana, con quién estudió la carrera de psicología; la idea original era hospedarnos en su casa, pero al sentir que quedaríamos algo apretados salimos a buscar un hotel ya muy entrada la noche, sólo pudimos encontrar un hotelito de paso  lamado “Hotel Garage Silver Gil”, con todo aquello que un motel de carretera debe tener: discreta entrada, cortina para ocultar el coche, papel higiénico junto a la cama, puertita para el room service y 3 canales porno. Tomamos dos habitaciones y pasamos una tranquila y solitaria noche.

Después de ofrecido el taller, al día siguiente; decidimos visitar Cholula con su impresionante pirámide semi oculta y su templo católico del siglo XVI en la cima, esta pequeña ciudad con 365 cúpulas de iglesias y algunos templos realmente peculiares, cómo la capilla de los naturales o la capilla real, con su extraño estilo mudéjar y su bosque interior de columnas que recuerda a las mezquitas del sur de España y particularmente (con sus distancias) a la mezquita de Córdoba.

La ciudad es agradable con personajes pintorescos, como un simpático afilador de cuchillos que con la piedra de afilar montada en su bicicleta (la cual es toda una pieza de arte) renueva el filo de cuchillos, tijeras y machetes.

Decidimos aprovechar nuestra estadía y visitar Santa María Tonantzintla, un pequeño pueblo que nos dijeron tenía una hermosa iglesia, así que tomamos desde Cholula una pequeña carretera rumbo al sur donde encontramos un estrambótico castillo al pie de carretera, propiedad de un médico que a lo largo de los años logró esta casí inmejorable pieza del kitsch mexicano, en lo personal no recuerdo haber visto nada parecido.
Llegando a Tonantzintla nos quedamos maravillados ante la belleza inusitada de su iglesia, de la cual los habitantes de Santa María Tonantzintla esta sumamente orgullosos; se trata de una interpretación libre y por demás inocente del suntuoso  barroco poblano por las manos indígenas de esta región, los santos de la fachada y campanario de estilo naif parecen desbordarse de sus nichos de vibrantes colores primarios, mezclados con talavera poblana.
Al ingresar al interior sorprende la profusión de florilegios dorados, ángeles de rostros indígenas que se ahogan en sus techos y su rutilante cúpula de un peculiar estilo chirrigueresco tropical; sus sinuosas formas le hacen merecedora del título dado por los lugareños de “Capilla sixtina de los indígenas”.
Con gran satisfacción dejamos Tonantzintla rumbo al poniente para retomar el periférico de Puebla para reingresar a la autopista México-Puebla, pero debimos detenernos al llegar al cruce de dos caminos en el poblado de San Francisco Acatepec con su hermoseara iglesia barroca, menos indígena; su fachada es un enorme logro del trabajo de talavera poblana que hacen de su portal un verdadero retablo; las columnas salomónicas y los mosaicos en la base son de exquisita factura; su interior revela una manufactura más europea que la utilizada en Tonantzintla aunque también con influencia local; su cúpula, coro y retablos son simplemente exquisitos, un lugar digno de ser visitado.
Salimos al atardecer del templo y tomamos carretera, con tristeza vimos que a lo largo del camino se encuentran iglesias del mismo estilo, todas hermosas, pero que no pudimos visitar debido a la premura; sin embargo, y a manera de despedida, el Popocatepetil -presencia constante en todo el viaje- se despidió de nosotros con una espectacular fumarola de humo y cenizas que admiramos a lo largo del viaje de regreso a la Ciudad de México.
Me gustaría repetir el viaje durmiendo en algún pequeño hotel de la zona (aunque en Cholula existen algunos hostales, debo decir que además de nuestro motel encontramos otro, aún más barato (150 pesos la noche) llamado Motel Garage punto G (!!!!!!) solo por el hecho de poder declara “Yo me he quedado en el punto G” es una experiencia que vale la pena vivir. Además de estar estratégicamente ubicado entre Acatepec y Tonanzintla y a solo 10 minutos de Cholula.
Por supuesto, como siempre, la mitad de gozo del viaje es la compañía y Marie Aimée es por demás, una excelente compañera de viaje; con disposición, agradable y aventada como ella sola.

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