Altar de muertos en Malinalco

  • Los migrante muertos y sus historias
  • Los muertos sin nombre son los muertos de todos

Caminar por la calles de Malinalco, en el Estado de México los días de muertos, es deambular entre nubes de copal y el brillo de miles de velas, aquí llamadas “ceras”, que los malinalcas colocan a sus difuntos; una y otra vez el fulgor de luz invita a ingresar a hermosos patios de las casas de adobe y teja en donde son recordados estos día a los seres amados que partieron en su viaje al más allá.

Con sonrisa amable, los habitantes de estas viviendas invitan a pasar al caminante a sentarse y escuchar las historias de sus seres amados: “le gustaba el fútbol, por eso le pusimos esos balones”. “Era un coqueto, por eso hay tantas fotos de él”. Una y otra vez los relatos son contados a todo aquel que los quiera escuchar, por lo que se disponen sillas a lo largo del patio y jarros de café o atole.

Llaman la atención los altares profusamente iluminados por decenas y decenas de ceras, se trata de los muertos “nuevos”; aquellos que fallecieron durante los últimos 12 meses y que, los vecinos, familiares y amigos, le llevan un cirio en su honor; por lo que su altar brilla continuamente durante los días y noches que dura la ofrenda.

Al ingresar a la parroquia del Divino Salvador, principal templo católico de Malinalco, el rostro de hombres y mujeres se muestran en una ofrenda dedicada a los habitantes del pueblo fallecidos en los Estados Unidos; al lado de sus imágenes, hojas de papel, algunas escritas de puño y letra, otras en modernas impresoras, cuentan sus historias, narradas por sus parejas, padres o hijos e incluso por ellos mismos.

Adornando el altar se encuentran panes de  muerto y frutos de la tierra de esta zona del Estado de México, papel picado e imágenes religiosas y, como protagonista, fajos de billetes del banco de la ilusión y monedas chocolate de falso oro; que parecen simbolizar el sueño americano.

La sonrisa de una hermosa joven eternizada en una fotografía se encuentra al lado de una carta dirigida a su hijo pequeño, en ella le explica los motivos por los cuales debió partir para el otro lado y su dolor de madre al no poder disfrutar su niñez; la letra de la carta, temblorosa, se debe, según sus propias palabras, a la incapacidad de contener el llanto al escribirla. Ahora Daniela  falleció y su cuerpo llegó al pueblo gracias a la acción de la asociación “El rincón de Malinalco” que ayuda a los migrantes de esta comunidad en crisis y que es, asimismo, autora de la ofrenda.

De esta misma forma, los rostros de Abel, muerto por intoxicación por agroquímicos en un plantío en sacramento, o Roberto, cuya muerte en un centro de detención para migrantes en Stewart, al sur de Atlanta continua sin explicación, comparten este modesto altar con el rostro de otro migrante anónimo del que se pide en un sencillo letrero “favor de llenar el letrero con el nombre de su pariente migrante”; sentado sobre una “troca” observa al visitante para recordar que los muertos sin nombre son los muertos de todos; de esta forma, reciben la visita de sus parientes, amigos y hasta desconocidos, que les traen una cera para demostrarles que esta es su tierra, de la que partieron un día y regresaron para ser recibidos en su seno.

Proyecto el rincón de Malinalco, Avenida Morelos 109, Malinalco EdoMex, (714)147-1414 http://www.elrincon.org

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