La Zorra y el Cuervo: mojito jazz

Noches de la Habana

Tal vez lo que uno menos espere encontrar en la animada calle 23 de la Habana, sea una cabina telefónica londinense que hace desaparecer a todo aquel que traspasa su puerta; sin embargo no se trata de una versión tropicalizada de Harry Potter, sino de la entrada a un sótano en donde se encuentra uno de los mejores clubes de jazz del mundo: La Zorra y El Cuervo.

Al descender las escaleras se accede a un local de paredes obscuras, mesas bajas, una barra enorme y en el centro, un pequeño escenario donde, noche con noche, se confirma la excelencia de los jazzistas cubanos. En mi primera visita conozco a “Canela e invitados” una banda fusión que celebra el día de la mujer con una mezcla de sonidos que van desde el jazz y blues “académicos” hasta la salsa, el son montuno y música espiritual yoruba; una joya para los oídos.

A este pequeño templo de la música, han venido a rendir sus pleitesías algunos de los músicos míticos de cuba como Chuco Valdés, sin embargo, los creadores formados en sus tablas son el orgullo de sus administradores, quienes los ofrecen como “el vino de la casa”, de los cuales destaca su enfant terrible Roberto Fonseca, que cada jueves hace “sangrar” sus teclados con sonidos que se antojan imposibles, con la inclusión de tambores cubanos, congas y maracas.

La Zorra y el Cuervo es para la Habana lo que Blue Note es para Nueva York. Todo el jazz cubano parece girar aquí, la mitad de la audiencia son músicos que viene a disfrutar del trabajo de sus compañeros en la espera de su propia noche: de esta forma, entre improvisación e improvisación se oye: “quiero saludar a mí querido amigo…” “me siento orgulloso que esta noche nos acompañe el maestro…” la otra mitad de la audiencia somos turistas que fuimos absorbidos por la cabina telefónica. “El jazz es la música que le gusta a los músicos” explica Lidsays, una de las encargadas del club que habla, con genuino orgullo de cómo se formó este proyecto, promovido por Carishow, responsable del también mítico Gato Tuerto.

Posiblemente no sorprenda a muchos el saber que la isla es productora de buen jazz, sin embargo al ver la programación de este jazz hole, abierto los siete días de la semana, se puede entender que la brisa salada y el fuego de las caderas de estos hombres y mujeres, han imprimido con su presencia el sabor del ron y la yuca en este ritmo creado en Luisiana.

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